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Por Nicolas Orsini
En varios aspectos de la vida se suele decir que la primera impresión es la que cuenta y en este caso el vino no es la excepción. Hay un momento antes de descorchar y servir que también es importante.Y es aquí donde entra en juego el papel de la etiqueta.
Así como muchos consumidores eligen el vino que compran por la bodega que lo produce o por el recuerdo que le hace revivir muchos otros se deciden por la etiqueta, ya sea porque es sobria
o porque es llamativa, por ser innovadora o por empatizar con el estado de ánimo de ése momento.

La etiqueta incide en el posicionamiento que logre el vino que representa en la memoria del consumidor.

D
esde hace unos años se puede notar que han ido evolucionando en sus diseños logrando transformar la góndola en un collage de diversos motivos y estilos.
No solo en la forma de nombrar a los vinos surgieron transformaciones y tendencias sino que además los cambios van de la mano con nuevos motivos y colores que hacen a cada botella más particular desde el envase mismo.

Uno puede pensar que detrás de la elección de una etiqueta no hay demasiado misterio y que lo importante es lo de adentro (ojo, es importante eh!) pero como bien comenta Mariela Gutelli 
de la 
agencia Caliptra “en ocasiones la estrategia creativa o lo que quiere lograr la bodega son otras cosas, no se limitan a transmitir lo de siempre, sino que la comunicación va más allá, hay
todo un juego de la marca y el branding de los vinos y la empresa, un concepto, una experiencia.”

El concepto del vino como una experiencia única e integradora de los sentidos se sostiene desde el primer contacto visual que hacemos con la botella y es en parte gracias a la etiqueta que debe transmitir el contenido, el creador, el varietal y más.

“En las etiquetas no siempre comunicamos características del vino que lleva dentro la botella, sino que muchas veces se opta por una estrategia más emocional o impactante que no tienen que
ver con características intrínsecas de la bebida sino con conceptos más ideológicos o comerciales.”
 Amplía la explicación Ignacio Eguiguren de 
Agencia Dizen
.
 
Hay una evolución en los diseños, más colores, formas geométricas no convencionales, las bodegas se animan a jugar y ampliar los límites conocidos en la búsqueda de una diferenciación pero
también intentando afirmar la identidad geográfica que las define.


Hay límites que ya no existen tan marcados como antes, por ejemplo antes era impensado ver una etiqueta de un vino de alta gama muy desestructurada y colorida. Eso estaba destinado solamente
para etiquetas Ignacio Eguiguren.

Y el antes al que se refieren desde agencia Dizen tal vez esté vinculado a la evolución que la industria viene experimentando desde hace bastante tiempo ya que como comenta Dolores Lavaque
directora de la 
Consultora STG “en un momento el marketing era manejado por los dueños de las bodegas y no había departamentos específicos, era mucho más decisión unilateral del dueño, intuitivo (no por eso menos exitoso), pero no profesionalizado.”

Por eso en el afán de buscar alternativas que mejoren el proceso de hacer vino en todo su conjunto, desde la cosecha hasta la distribución, es que se comenzaron a ver los resultados del trabajo profesional.