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Emparentada genéticamente con el Cabernet Sauvignon, aunque no presenta la misma adaptación, esta cepa también es originaria del sudoeste de Francia.
En Argentina, las cepas ingresan con los españoles hacia el año 1556, pero en aquel momento no se diferenciaban los varietales, eran viñedos mezclados.
Recién el año 1853, el gobierno de Mendoza trae de Francia a Michel Pouget, fundando la llamada Quinta Agronómica: Escuela de Estudios en Vitivinicultura, que contaba con un vivero 
dónde se comienzan a reproducir diferentes varietales bien identificados, entre ellos el Merlot.

En la actualidad posee un buen desarrollo en el Alto Valle de la 
provincia de Río Negro, Luján de Cuyo, Maipú, y Cruz de Piedra en Mendoza y en el valle del Pedernal en
San Juan
 y también se ha producido con buenos resultados en la Patagonia.
 
Generalmente se lo utiliza como un vino de corte con el Cabernet Sauvignon suministrando un toque de suavidad para redondear y armonizar su aspereza.
Esta uva permite lograr vinos de cuerpo y sofisticación, elegantes y redondos.  En su sabor, se logran apreciar notas frutales: ciruelas y guindas, a rosas, especias,
pimienta negra y canela. El vino presenta colores rojos violáceos, mientras que su brillo no es muy intenso
.

Este varietal, prefiere las zonas más húmedas y frescas, a diferencia de las mayores extensiones de nuestra viticultura, por lo que su adaptación no ha sido tan fácil como otros varietales.
Esto hace que los Merlot argentinos presente menos intensidad colorante y tonalidades menos violáceas que los vinos franceses, especialmente de Saint Emilion y Pomerol,donde es la principal variedad.

En cuanto a sus aromas, no hay diferencias marcadas en sus descriptores de frutos rojos, suave carácter especiado, aunque en Francia su evolución se logran aromas de trufas, que en nuestros vinos argentinos es raro encontrar. La mayor diferencia, es la intensidad aromática que logran normalmente los vinos franceses, como también su estructura de boca, que hace de este varietal un vino de muy buen cuerpo y elegancia.

Aquí te presentamos tres propuestas para animarte a descubrir esta cepa, con vinos que en cada botella ayudan a abrir la mente y el paladar. 
 
Primogénito Merlot
Patritti, San Patricio del Chañar, Neuquén $ 169 
Color rojo rubí con matices violetas, muy profundo y brillantes. Nariz especiada, con notas de pimienta negra, provenientes de su paso por roble, subrayando la fruta. En boca es franco con suaves
notas de hongos de pino que le aportan mayor complejidad. Es un vino de taninos dulces y finos, amplio paladar y largo recuerdo en boca
.

 
Gouguenheim Reserva Merlot
Gouguenheim Winery, Valle de Uco, Mendoza $ 155 
Un merlot proveniente de viñedos de Tupungato, a más de 1.200 mts de altura, en una región de clima desértico con gran amplitud térmica entre el día y la noche.
Como resultado, se nos presenta un vino de profundo color rubí con aromas a frutas rojas y negros como cerezas, moras y grosellas.  Sabores fuertes y mucha fruta en el paladar. Un vino armonioso
y balanceado con un largo final. 

 
Arístides La Estiba de Familia Merlot 2013
Arístides, Rivadavia, Mendoza $ 136 
Es un vino de color rojo profundo. Presenta aromas a frutos negros y rojos maduros, con sutiles notas herbáceas. En boca es redondo, amable, con un muy buen equilibrio entre las frutas y la
madera, taninos maduros y suaves. Final largo y agradable.

Recomendamos beber en todos los casos a una temperatura entre 16º y 18ºC y sobre todo... a descorchar y disfrutar.